Con cerca de 19 mil empleos directos y una red de 9 mil proveedores -el 70% de ellos pequeñas y medianas empresas-, el sector porcino chileno es un importante motor de desarrollo para el país. Su contribución va mucho más allá de la producción de alimentos: impulsa las economías locales, genera oportunidades laborales y promueve entornos de trabajo cada vez más seguros, inclusivos y con mayores posibilidades de desarrollo para las personas.
Detrás de cada proceso productivo, de cada innovación y de cada exportación existe un activo esencial: las miles de personas que, con compromiso, experiencia y dedicación, hacen posible que el sector siga creciendo y llevando alimentos de calidad a los consumidores.
Actualmente, el sector genera alrededor de 19.000 empleos directos y moviliza una red de 9.000 proveedores, de los cuales el 70% corresponde a pequeñas y medianas empresas, contribuyendo al desarrollo económico y social de numerosas comunas y regiones del país.
“Las personas son el corazón del sector porcino. Cada avance en productividad, bienestar animal, inocuidad, sostenibilidad e innovación es posible gracias al compromiso de miles de colaboradores que, día a día, aportan con profesionalismo y dedicación. Nuestro desafío es seguir fortaleciendo espacios laborales donde las personas puedan desarrollarse, crecer y proyectar su futuro, porque el éxito del sector depende del talento y compromiso de quienes lo hacen posible”, destaca Daniela Álvarez, gerente de Sostenibilidad de ChileCarne.
Un sector que crece junto a sus personas
El desarrollo del sector ha ido de la mano con un esfuerzo permanente por fortalecer las condiciones laborales y promover espacios de trabajo más seguros, inclusivos y orientados al bienestar de quienes forman parte del sector.
Ese compromiso quedó reflejado en el Informe de Impacto del Acuerdo de Producción Limpia (APL) 2025 del sector porcino, iniciativa que incorporó medidas para fortalecer la sustentabilidad social de los planteles mediante políticas de no discriminación, prevención de riesgos, capacitación y bienestar de los trabajadores.
Uno de los avances más significativos ha sido la consolidación de políticas laborales orientadas a promover ambientes de trabajo respetuosos e inclusivos. Al término del proceso, el 100% de las empresas adheridas contaba con una política vigente de no discriminación, reflejando un importante avance en la formalización de estos compromisos.
Los resultados también evidencian mejoras concretas en materia de seguridad laboral. Entre 2021 y 2024, la tasa promedio de accidentabilidad disminuyó un 27%, pasando de 6,35 a 4,66 accidentes por cada 100 trabajadores. Además, todas las empresas participantes implementaron planes de prevención de riesgos, fortaleciendo una cultura preventiva en sus operaciones.
En materia de equidad, la participación femenina continúa avanzando, especialmente en cargos de liderazgo. Actualmente, entre un 43% y un 45% de las gerencias son ocupadas por mujeres, mientras que en cargos administrativos su participación alcanza cerca del 28%, reflejando un progreso sostenido hacia equipos de trabajo más diversos.
A ello se suma el crecimiento del empleo permanente. Entre 2021 y 2024, los 136 planteles participantes aumentaron en un 25% su dotación de trabajadores permanentes, pasando de 1.684 a 2.109 colaboradores. Si bien la fuerza laboral sigue siendo mayoritariamente masculina, la participación de mujeres continúa incrementándose de manera gradual, dando cuenta de una transformación positiva en la composición del sector.
Historias que reflejan el compromiso del sector
Las cifras muestran el impacto económico y social del sector, pero son las historias de quienes forman parte de él las que mejor reflejan su aporte.
En el sector porcino es frecuente encontrar colaboradores que han construido una larga trayectoria dentro de una misma empresa, creciendo profesionalmente y transmitiendo su experiencia a las nuevas generaciones. Al mismo tiempo, cada vez más mujeres y jóvenes se incorporan a una actividad que evoluciona constantemente, incorporando nuevas tecnologías, mayores estándares de sustentabilidad y una cultura de mejora continua.
Ese es el caso de Claudia Orellana, quien ingresó en 2021 al área de embolsado de la planta faenadora de Maxagro con un objetivo claro: encontrar estabilidad laboral para entregar un mejor futuro a su hija.
Con esfuerzo, compromiso y una permanente disposición para aprender, fue adquiriendo nuevas competencias y adaptándose a los altos estándares de calidad, higiene y seguridad que caracterizan al sector. Hoy integra el Comité Paritario de Higiene y Seguridad y, además, cumple funciones de apoyo en la coordinación de su área, acompañando a nuevos trabajadores en su proceso de integración.
«Ingresé buscando estabilidad para mi familia y encontré una oportunidad para crecer. Con el tiempo he aprendido mucho, he asumido nuevas responsabilidades y he podido demostrar mis capacidades. Hoy me motiva seguir desarrollándome y compartir mi experiencia con quienes recién comienzan, porque todos aportamos para que el trabajo se haga cada día mejor», comenta.
Una experiencia similar comparte Miquel Colomer, jefe de Programas de Vinculación de Agrosuper, quien señala que incorporarse a la compañía le permitió formar parte de una industria dinámica e innovadora, en una empresa con una sólida trayectoria y una visión de largo plazo. Durante su paso por la organización, ha tenido la oportunidad de desarrollarse profesionalmente a través del aprendizaje constante, el trabajo colaborativo y la posibilidad de aportar desde su área al crecimiento sostenible de la compañía. Asimismo, valora el compromiso de la empresa con el bienestar de las personas y las comunidades, así como las oportunidades de desarrollo y la importancia que otorga a fortalecer una cultura basada en la confianza, el compañerismo y el sentido de pertenencia.
«Me motivó la posibilidad de formar parte de una industria muy relevante, dinámica e innovadora. En particular, Agrosuper es una empresa muy íntegra. Con esto me refiero a que vela por un desempeño óptimo en aspectos financieros, medioambientales y sociales, lo que también se traduce en una permanente preocupación por el cuidado y bienestar de sus personas y de sus comunidades. Lo que más destacaría es que se preocupan de impregnar la cultura de la compañía en sus personas, impulsando el compromiso, la confianza y el compañerismo y, al mismo tiempo, entregan las herramientas necesarias para crecer y contribuir al éxito de una empresa que apuesta por un desarrollo sostenible», afirma.
La trayectoria de Diego Donoso, jefe de Producción de Agrícola Chorombo, refleja también las oportunidades de desarrollo que ofrece el sector. Lleva cerca de 20 años en la empresa, período en el que se ha desempeñado en distintas áreas, adquiriendo nuevos conocimientos y asumiendo mayores responsabilidades hasta llegar a un cargo de toma de decisiones. Desde su experiencia, destaca que la incorporación de nuevas tecnologías y líneas de proceso no solo fortalece la operación, sino que también genera nuevas oportunidades de empleo y crecimiento para los colaboradores.
«Una de las principales fortalezas del sector es la posibilidad de crecer de manera permanente. La incorporación de nueva maquinaria y líneas de proceso genera más oportunidades para que las personas se desarrollen dentro de la empresa. Además, la estabilidad que entrega este sector a lo largo de los años es muy importante, ya que, al tratarse de una de las proteínas de mayor consumo, siempre existe una demanda que mantiene vigente la fuente laboral», señala.
Como Claudia, Miquel y Diego, miles de personas han encontrado en el sector porcino una oportunidad para construir una carrera, acceder a capacitación continua y proyectar su desarrollo profesional. Sus historias reflejan que el crecimiento del sector no solo se mide por su producción o sus exportaciones, sino también por su capacidad para generar empleos de calidad, fortalecer las economías locales y contribuir al bienestar de las familias y comunidades donde está presente.